He estado en un sitio, donde la gente hablaba de sus demonios, los mostraban, sacaban a la luz su oscuridad.
Contaban cómo ese demonio les cambiaba totalmente, les poseía, lo necesitaban. Les hacía mentir, destrozar su entorno, su gente, destrozar sus vidas. Hablaban de que el demonio había ido enseñándoles el camino poco a poco, progresivamente hasta llegar al abismo, y empujarles, caída hasta el fondo. Hasta que no caían y se destrozaban no se daban cuenta de que eso que les acompañaba no era lo que creían, una especie de ángel...no..era un demonio, de los peores.
Al hablar les veías a unos en la cara la textura del vidrio, recordar tu tiranía y autodestrucción hace eso, y es que el ser humano no está hecho para sufrir o hacer sufrir y aguantarlo. Otros hablaban de la cantidad de años que llevan contra ese demonio al que conseguían mantener en la puerta no sin mucho dolor y fuerza, llamando..toc toc toc ábreme!!. Otros llevaban menos tiempo pero igual lucha, a otros el demonio todavía les conseguía traspasar la puerta, daba coletazos...pero por eso estaban ahí, hablando de él, de su lucha, de su lucha contra él.
Ver sus caras y juntarlas con sus palabras era una forma de entrar en el infierno...miradas hacia arriba, hacia abajo, a los lados, nerviosos como si él volviera a estar ahí, otros te hablaban de frente con una calma especial, la calma de aquel que después de tanto sufrimiento ha encontrado su paz...otros no hablablan, pero les veías la cara, sabías lo que había pasado...porque a veces no hace falta abrir la boca.
Tenían en común al demonio, su propósito, su táctica de defensa, su dolor, sus ganas de no volver al abismo, al destrozo. Hablaban de 24 horas, sí, 24 horas para vivir, 24 horas para que no pase el demonio, que se quede ahí. Yes que así es más fácil, nada de a la larga, porque a la larga pasan muchas cosas. Nuestra vida antes que un año, 2 años o 20 son un día, 24 horas...creo que todos deberíamos replantear la vida a ese número, metas de dia a dia. 24 horas de éxito y así las siguientes. Decían que para su lucha ya lo único que les quedaba, después de muchos intentos probados, eran las 24 horas y el apoyo de iguales o suficientemente empáticos, porque cuando tienes que luchar contra ti mismo es difícil, tú conoces tus puntos, tus técnicas, conviertes tu defensa en ataque kamikaze contra ti, te inmolas. Apoyo de iguales, es decir, no vale cualquiera por mucho que le quieras o te quieras, porque no todo el mundo es capaz de comprender algo así, tiene que ser capaz de aguantar el dolor, aguantar la imagen del demonio, las imágenes que te lanza como bombas...la gente no es capaz de asimilar que uno se destruya, porque es antinatural
Este demonio, como otros muy importantes e igual de destructivos, tenía la particularidad de que se queda ahí aunque lo eches, como un virus que no se elimina totalmente del organismo, eres portador, te ha dejado ahí dentro su semillita y aprovecha debilidad para atacar, de ahí la lucha eterna, la lucha hasta el fin, convivencia. No pueden echarle, pero sí pararle..y en dejarle en la puerta, está el éxito.
Si pensáis bien todos tenemos uno, unos tienen demonios pequeñitos, que sí, hacen de las suyas, te dan pinchacitos, alguna raja, rompen algo, pero no llegan a destrozar. Otros un poco más grandes que también actúan de vez en cuando llevando a la oscuridad y haciendo mucha pupa, pero como los otros, no destrozan, no colonizan la cabeza. Los demonios lo que tienen es que pueden tomar la forma que quieran( líquidos, comida, monedas, personas,animales,cualquier cosa), son personales, saben mutar en aquello que temes o aquello que te causa placer, saben por donde atacar, te conocen y es que son fruto propio, de uno mismo, a la medida. Hay a gente que les afectan menos porque los que le han tocado son los pequeñitos y a quienes les afectan estos grandes...tienen una particularidad....ellos decían que eran "raros".
Bien, voy a explicar ese "raro". Hay personas, con más emocionalidad, les puedes ver que son duros como una fortaleza de metal, blindados, nunca pensarías que son capaces de romperse...pero tienen un punto muy débil, que está en su núcleo, unos lo llaman la búsqueda de perfección, otros compulsividad, algunos dirían que obsesión por el YA!YA!YA!AHORA!ASÍ!. Cabezas extremadamente funcionales, receptivas, máquinas. Máquina que de tanta presión, tanta vuelta, tanta función acaban por romperse o empiezan a girar demasiado llegando al punto de la explosión.
Yo les miraba, ellos me miraban, era invitada, como mucho de los que allí estaban. La diferencia entre los otros invitados y yo, es que pude sentir empatía, yo podía mirarles, no les tenía miedo ni a ellos ni a su demonio expuesto. Les entendía.
Ahora, tanto ellos, como yo, os podemos decir que hay que ser fuerte, que los demonios están siempre acechando, esperando un momento de debilidad para atacar. Que a veces es muy fácil que te cojan en cualquiera de sus formas, niveles, tamaños y que si así es, hay que darles duro, que no te colonicen la cabeza.
Contaban cómo ese demonio les cambiaba totalmente, les poseía, lo necesitaban. Les hacía mentir, destrozar su entorno, su gente, destrozar sus vidas. Hablaban de que el demonio había ido enseñándoles el camino poco a poco, progresivamente hasta llegar al abismo, y empujarles, caída hasta el fondo. Hasta que no caían y se destrozaban no se daban cuenta de que eso que les acompañaba no era lo que creían, una especie de ángel...no..era un demonio, de los peores.
Al hablar les veías a unos en la cara la textura del vidrio, recordar tu tiranía y autodestrucción hace eso, y es que el ser humano no está hecho para sufrir o hacer sufrir y aguantarlo. Otros hablaban de la cantidad de años que llevan contra ese demonio al que conseguían mantener en la puerta no sin mucho dolor y fuerza, llamando..toc toc toc ábreme!!. Otros llevaban menos tiempo pero igual lucha, a otros el demonio todavía les conseguía traspasar la puerta, daba coletazos...pero por eso estaban ahí, hablando de él, de su lucha, de su lucha contra él.
Ver sus caras y juntarlas con sus palabras era una forma de entrar en el infierno...miradas hacia arriba, hacia abajo, a los lados, nerviosos como si él volviera a estar ahí, otros te hablaban de frente con una calma especial, la calma de aquel que después de tanto sufrimiento ha encontrado su paz...otros no hablablan, pero les veías la cara, sabías lo que había pasado...porque a veces no hace falta abrir la boca.
Tenían en común al demonio, su propósito, su táctica de defensa, su dolor, sus ganas de no volver al abismo, al destrozo. Hablaban de 24 horas, sí, 24 horas para vivir, 24 horas para que no pase el demonio, que se quede ahí. Yes que así es más fácil, nada de a la larga, porque a la larga pasan muchas cosas. Nuestra vida antes que un año, 2 años o 20 son un día, 24 horas...creo que todos deberíamos replantear la vida a ese número, metas de dia a dia. 24 horas de éxito y así las siguientes. Decían que para su lucha ya lo único que les quedaba, después de muchos intentos probados, eran las 24 horas y el apoyo de iguales o suficientemente empáticos, porque cuando tienes que luchar contra ti mismo es difícil, tú conoces tus puntos, tus técnicas, conviertes tu defensa en ataque kamikaze contra ti, te inmolas. Apoyo de iguales, es decir, no vale cualquiera por mucho que le quieras o te quieras, porque no todo el mundo es capaz de comprender algo así, tiene que ser capaz de aguantar el dolor, aguantar la imagen del demonio, las imágenes que te lanza como bombas...la gente no es capaz de asimilar que uno se destruya, porque es antinatural
Este demonio, como otros muy importantes e igual de destructivos, tenía la particularidad de que se queda ahí aunque lo eches, como un virus que no se elimina totalmente del organismo, eres portador, te ha dejado ahí dentro su semillita y aprovecha debilidad para atacar, de ahí la lucha eterna, la lucha hasta el fin, convivencia. No pueden echarle, pero sí pararle..y en dejarle en la puerta, está el éxito.
Si pensáis bien todos tenemos uno, unos tienen demonios pequeñitos, que sí, hacen de las suyas, te dan pinchacitos, alguna raja, rompen algo, pero no llegan a destrozar. Otros un poco más grandes que también actúan de vez en cuando llevando a la oscuridad y haciendo mucha pupa, pero como los otros, no destrozan, no colonizan la cabeza. Los demonios lo que tienen es que pueden tomar la forma que quieran( líquidos, comida, monedas, personas,animales,cualquier cosa), son personales, saben mutar en aquello que temes o aquello que te causa placer, saben por donde atacar, te conocen y es que son fruto propio, de uno mismo, a la medida. Hay a gente que les afectan menos porque los que le han tocado son los pequeñitos y a quienes les afectan estos grandes...tienen una particularidad....ellos decían que eran "raros".
Bien, voy a explicar ese "raro". Hay personas, con más emocionalidad, les puedes ver que son duros como una fortaleza de metal, blindados, nunca pensarías que son capaces de romperse...pero tienen un punto muy débil, que está en su núcleo, unos lo llaman la búsqueda de perfección, otros compulsividad, algunos dirían que obsesión por el YA!YA!YA!AHORA!ASÍ!. Cabezas extremadamente funcionales, receptivas, máquinas. Máquina que de tanta presión, tanta vuelta, tanta función acaban por romperse o empiezan a girar demasiado llegando al punto de la explosión.
Yo les miraba, ellos me miraban, era invitada, como mucho de los que allí estaban. La diferencia entre los otros invitados y yo, es que pude sentir empatía, yo podía mirarles, no les tenía miedo ni a ellos ni a su demonio expuesto. Les entendía.
Ahora, tanto ellos, como yo, os podemos decir que hay que ser fuerte, que los demonios están siempre acechando, esperando un momento de debilidad para atacar. Que a veces es muy fácil que te cojan en cualquiera de sus formas, niveles, tamaños y que si así es, hay que darles duro, que no te colonicen la cabeza.
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