De locos es que aún tenga
esa imagen tuya en la cama.
Dormida. Desnuda. Estirada.
Debería haberte follado esa mañana,
aprovechar que sobraba calor en las sábanas.
Esa cara, no se quita, aún me muerde esa boca
que me pedía esa noche que no la dejase sola.
Boca a un dulce infierno
que se me abría en las escaleras del metro.
Pasillo de farolas.
Allí no se va en ascensor.
Cuentan más cuatro paredes
que esos parques y esas calles.
Cuenta más la oscuridad
que la luz que se nos iba esas tardes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario