En estas últimas veces
que se asemejan a las primeras,
me cuenta la historia esta tierra.
Me la canta al oído,
dice que no me olvide de su lengua.
Lengua, que no saldrá por un tiempo de esta garganta,
que sonará diferente, extraña.
Quédate en mi pecho,
como pecho de la madre que me amamantaba.
Tierra, no es rencor, no es odio,
es pena, es tristeza.
Me van a correr lágrimas,
quédatelas y lávate la cara,
lávate las manos
y cuéntales a los que sigan la verdad.
Seguiré observándote en la distancia,
nunca como quien se gira mirando hacia atrás,
nunca como arrepentida.
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