Sentada viendo la vida pasar.
Esqueleto recto,
como la recta final
a la que nos lleva a esperar la vida.
Manos exquisitas,
que tamborilean, al gesto
reaccionando
puesto, que nada se acaba hasta que se apaga
del todo lo de arriba.
Y algunos dirán que no es vida,
pero tú la rebosas.
Vieja niña.
Mirada perdida la tuya
en la que aprendí a encontrarlas.
Que no hay punto fijo ni seguro
que no todo lo vemos como lo ve todo el mundo.
En esos ojos me reflejo,
me veo, son espejo.
Azul mar, que lleva adentro
Azul hielo, congelados.
Son el paso en tu tiempo.
Desde este lado del espejo, aún esperamos unos cuantos versos que nos permitan mirarnos de frente sin que ocurra
ResponderEliminarleer en nuestros propios ojos la pregunta, dejar de preguntarle al mundo y preguntarle a otra que nos devuelva la mirada.
Todo eso y el vértigo que produce que esa otra seamos nosotras mismas
puede que no tenga nada que ver, pero en esta situación pienso al leerte
Si has pensado en eso ya tiene algo que ver con lo escrito, puesto que esos ojos me hacían pensar en bastantes cosas. En la forma en la que nos pasa a unos y a otros la vida, la vida que quizá tuvo esa persona y en esos ojos veía una parte de mí que no sé cómo explicar...quizás porque había alguna similitud entre nosotras. Me veía un poquito a mí de mayor.
Eliminar"Desde este lado del espejo, aún esperamos unos cuantos versos que nos permitan mirarnos de frente sin que ocurra"
Y ahí has dicho otra verdad de estas letras.
Muchas gracias por pasarte y comentar.