Ya era mucho tiempo aguantando,
la debilidad iba mellando tu cuerpo.
Y ahora por fin descansas.
Ya no sufres.
Todavía recuerdo las tardes
en casa de mi abuela,
los días de Reyes, los cumpleaños,
aquel balcón de tu casa
que tanto vértigo me daba.
La silla al lado de la ventana,
tu café y tus galletas de merienda.
Tardes de procesiones,
del Cristo de Medinaceli,
de la Paloma,
de San Lorenzo.
Los Mayos, Salitre.
Cuando ibais mi abuela y tú
a la peluquería,
siempre tan coquetas.
He visto cómo ha pasado el rubio
a las canas en vuestra cabellera.
Has sido parte de mi infancia,
imagen familiar,
desde que tengo uso de conciencia.
Quizá ahora estés con Maruchi,¿No?
Siempre en el recuerdo.
Descansa en paz, Silvina.
1 de Marzo de 2011
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